
¿Para qué preocuparnos tanto? Y el vecino cómodo en su ignorancia. Trabaja-estudia, estudia-trabaja, trabaja-trabaja. Ser productivo. ¿Para qué preocuparnos tanto por lo que no se puede tocar? Magic. “Oiga, vecino, convide si tiene para todos”. Tan tranquilo mientras todo pasa a su alrededor. Sedantes en imágenes rápidas: culo-teta-culo, compre, llame; teta-teta-culo, tragedia en pelotas. Demasiada droga legal. Finalmente entiendo la palabra hipocresía. (Compra-venta de la verdad).
Nos disciplinaron desde antes de haber nacido. Pero no piense en un golpe de regla en la mano, sino que debería ampliar un poco y entenderlo como una producción de personas, como fábrica que produce niños-objetos (C´ismo. Salvaje Inc.) que reproducirán el orden existente. Encarrílate, enderézate.
Toda negación de la “realidad” terminará en marginación (“Quiero una cueva teres ambientes”). Y ellos, que caminan tan ligeros de acá para allá, que dicen sufrir porque se rayo el lente, miran mal porque tienen demasiados cómplices y acusan en gritos para desalentarnos y encadenarnos entre su mundo y el nuestro. Una persona que no sufra esta angustia, esta pesadez por no conocer nuestro origen y nuestro destino, simplemente no se hace cargo de su existencia. Es tan amigo como un perro y tan boludo como nombre de supermercado chino. Pero tus amores están dentro. Recuerdos se traducen en sentimientos (y viceversa). La angustia de salir, la angustia de quedarse. Respirar libertad, exhalando humildad (¿extrañado por tus deseos materiales insatisfechos?); vomitar sudor y ver una película en el parque con tu dvd portátil.
Las manos pesadas que se hunden en tu cara debilitan tu niñez, y todo indica que serás un escarabajo trabajador y serio que alguna vez lloró la muerte del Principito…
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